No rendirte jamás.
E de reconocer, que para mí poder cultivar mis propias hortalizas y la capacidad de mantener un ecosistema vivo, en continuo crecimiento, era todo un reto... Y a la vez un sueño.
La facilidad que tenemos en este siglo de poder acceder a verduras durante todo el año (siempre que dispongas de dinero para poder comprarla), nos a llevado a un consumo cómodo, en el cual, en muchas ocasiones no nos paramos a pensar que estamos comiendo, ni cuál es su procedencia, ni que productos se han empleado para que las plantas lleguen a un crecimiento rápido y productivo. No nos paramos a pensar si esos productos son nocivos para nuestra salud, damos por hecho que con comprar y lavarlos con un poquito de agua bajo el grifo va a ser suficiente para deshacernos de lo que nos pueda perjudicar.
También este consumo cómodo y accesible, nos lleva a generar muchos deshechos, porque no siempre nos comemos lo que compramos.
En muchas ocasiones, compramos un kilo de pimientos, del cual, la mitad terminará en la basura porque se nos ha puesto pocho a los pocos días de comprarlo, pues en muchas ocasiones estos productos van del campo a las cámaras frigoríficas, de estas a otras cámaras frigoríficas de los supermercados y después a nuestras casas, no respetándose la cadena de frío, o exponiendolos a temperaturas dispares, ayudando así a que se vuelvan blanditos, oscuros e inapetecibles.

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