Airear bien la tierra y elección de plantones.

Ahora toca preparar la tierra. 
Sabemos que este suelo está lleno de nutrientes de forma natural por la gran abundancia de lombrices que tiene, por su soltura y su lecho. 
Como ya os comenté en el post anterior el humus producido por el desgaste del tronco de la palmera volcada era un aliciente más que sumaba de forma favorable. 
La roca madre que ya posee junto con los deshechos orgánicos que se han ido obteniendo de los frutales que hay allí plantados desde hace décadas como son un limonero (citrus +limon), un nísperero (eriobrotrya japonica) y un ciruelo (prunus cerasifera), junto con otras materias orgánicas como cáscaras de caracol, insectos y restos de algún invertebrado.
Todo esta combinación hace que el suelo del corral sea un cocktel perfecto para ayudar a nuestras hortalizas a tener un desarrollo óptimo.
No obstante con la experiencia que iba trasladandome mi tío y con los pocos conocimientos que iba obteniendo de Google, decidí alimentar la tierra con otros nutrientes para proporcionar aquello que era necesario para que los plantones cogieran una vitalidad excelente desde el momento que los trasplantaramos de sus semilleros.
Para ello después de un buen arado elegí meticulosamente un fertilizante granulado que me ha ayudado a conseguir los resultados esperados, aquí os dejo el enlace:

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